Amar, amar no tiene un
significado especifico, por más que los diccionarios lo definan, porque el amor
se siente, se vive y se explica según quien lo diga, yo puedo decir que amar
cuando es correcto se siente muy bien. Nunca me imaginé en esta situación, vi
pasar los años, sintiendo como el tiempo avanzaba y el amor no llegaba, al
final lo olvide ya no me importaba y fue justo en ese momento cuando apareció.
Miro al hombre frente a
mí, el mundo no lo ve hermoso, él tampoco se considera bello, para mí es más
atractivo que cualquier adonis. Sus ojos están cerrados pero sé que tienen un
cálido color café, su piel es del tono perfecto tan cálida como sus ojos, la barba
está naciendo en barbilla haciendo lucir más atractivo, sus labios pálidos
tienen forma de corazón, me encanta su boca cuando se junta a la perfección con
la mía, su nariz respingona acaricia la mía. Levanto la mano y acaricio su
mejilla él es la mejor visión que puedo tener al despertar.
Empezamos rápido, entre
nosotros las cosas siempre fueron rápidas. No era mi amigo, ni siquiera lo
consideraba un conocido, solo lo había visto un par de veces en salidas
grupales pero cuando conectábamos miradas estaba esa sensación, siempre estuvo,
llegaba a intimidarme la fuerza de su mirada y aun así lo miraba con la misma
intensidad.
Fue una tarde muchos
meses después de verlo por primera vez que empezó nuestra historia, un café y
su mirada penetrante bastaron para que mi ridículo cuerpo aceptara todo lo que él
estaba dispuesto a darme, pudo haber sido la decisión más estúpida de mi vida,
pero no lo fue, dos meses después puedo decir que no lo fue.
Había quedado con Max, un
amigo de la infancia, en la cafetería que solíamos frecuentar. Max es de los
amigos que no importa la cantidad de tiempo que pase sin verse o hablarse, la amistad
nunca se rompería, él había regresado de su luna de miel y quería que nos
juntáramos para hablar sobre nuestras vidas. Esa tarde llego junto con él, me saludo
amablemente como siempre, solo apretando mi mano y aún así sentía la atracción.
No sabía mucho de él,
no estaba segura de su nombre, todos lo llamaban por su apellido, Díaz, nunca
lo vi con un mujer antes por ello tenía dudas sobre su orientación sexual, recordarlo
me hace reír, estaba muy equivocada. Sabía que era ingeniero como todos
nuestros amigos en común y no tenía ninguna otra información sobre Díaz.
Max excuso su presencia
—No se quedara mucho— dijo— acabamos de salir de una reunión y me acerco a la
cafetería. Realmente no me importaba su presencia moría por saber más de él,
era tan callado, hasta podría lucir peligroso.
Hicimos nuestra orden (Díaz
no pidió nada), el celular de Max sonó y se fue hacia un rincón de la cafetería
para atender la llamada, ese fue su momento de actuar, fue su oportunidad
perfecta. Cuando mi amigo estaba lo suficientemente lejos se inclinó sobre la
mesa haciéndome retroceder por la cercanía que logro, luego dijo las palabras
que tensaron todo mi cuerpo, las más rudas que me ha dicho.
—Quiero sexo contigo—
su tono no tenía nada especial pero su mirada era todo lo contrario, sus pupilas
gritaban Mia
—Nunca— desde ese día
me recuerdo constantemente que no debo decir: de esa agua no beberé
No sonrió, ni se burló,
no hizo ningún gesto solo volvió a su posición y mantuvo su mirada sobre mí,
haciéndome sentir de todo menos incomoda. Me había caracterizado en mis
relaciones por ser fría, era tan clínica, tan seria y controladora, no era
virgen ni inexperta, era algo conservadora en cuanto al sexo y no conocía lo
que era un orgasmo durante el coito, sobra decir que él cambio eso.
—Te espero en el baño—
no sonó como orden, sonó como propuesta, una propuesta que se reflejaba en su
mirada prometiendo cosas de las que no me arrepentiría
Díaz se fue al baño que
por suerte quedaba en dirección contraria a donde estaba Max hablando, además
mi amigo nos estaba dando la espalda, unos segundos después llego el pedido y
con ello Max quien inmediatamente pregunto por Díaz, por inercia respondí con
una mentira —Tuvo que irse— . Max no discutió mi respuesta y empezó nuestra
conversación.
Mientras Max hablaba
sobre su luna de miel los minutos fueron pasando y yo me fui desconectando, mi
mente vago a los baños, Díaz estaba esperándome ahí, no había salido, ni
siquiera se había asomado, parecía que me iba a esperar el tiempo que estuviera
dentro de esa cafetería. Las manos me empezaron a sudar y mi cuerpo a sentir
anticipación, ¿Qué poder tenia él sobre mi cuerpo?, al final la razón perdió
ante la tentación y me encontré diciéndole a Max que iba al baño.
Estaba de pie recostado
contra la pared del pasillo que separaba las entradas a los baños, lo mire
fijamente y él a mí, su mirada ardiendo en la mía, jalándome lo suficiente para
juntar nuestros pechos. Paso su brazo alrededor de mi cintura, nuestras narices
quedaron juntas podía sentir su respiración y aliento, quería que me besara
pero no lo hizo en su lugar me llevo dentro de los baños femeninos y a uno de
los cubículos del pequeño espacio.
Era un rectángulo de
seis por cuatro, con paredes metálicas delgadas y no lo suficiente cercanas al suelo,
podía sentir la tasa en la parte baja de mis piernas cualquiera que entrara se
enteraría de lo que pasaba o iba a pasar ahí, a él no le importo pues me
recostó contra una de las paredes y se apretó a mi cuerpo, Es unos centímetros
más alto que yo, pero podía sentir cada parte de su anatomía, es especial esa
que él me había ofrecido.
Sus manos subieron de
mi cintura a los laterales de mis pechos y con los pulgares acaricio donde
estaban mis pezones, sentí su tacto a través de las capas de tela de mi blusa y
sostén, él tiene un excelente don para calentarme, no importa si son sus manos,
su boca, su aliento o sus ojos, cualquiera que utilizara me tendría
hiperventilando por más de ese toque. En ese momento tenía sus manos y ojos
sobre mí, parecía medir mi reacción a su toque ¿Cómo si no fuera obvia? En
cambio yo me deleitaba en su gesto, estaba tan excitado, su boca semi-abierta
con la respiración pesada y el hambre en su mirada, ese gesto era una maravilla
de ver.
—Al venir me has dado
vía libre— bajo su rostro hasta mi oreja donde los vellos de mi cuello se
erizaron en expectación— y no me detendré a menos de que sea tu voluntad
No mordió mi lóbulo
como lo anhele, solo sostuvo su aliento sobre mi oído y cuello, haciéndome
perder la cordura, mi cuerpo temblaba por la excitación, suspire cuando una de
sus manos se deslizo por mi vientre hasta el botón de mi pantalón y lo soltó,
su otra mano bajo hasta el borde del mismo, con ambas bajo la prenda hasta la
mitad de mis piernas y después libero una piernas dejando el pantalón colgando
de la otra.
Mi ropa interior no era
del tipo atrevido ni sensual, gran parte de mis pantis son cacheteros de talle
alto y distintos colores, a él no importo o no lo demostró, porque su boca se
posó en el borde de la tela y acaricio mi vientre con sus labios eso volvió a mi
respiración cardiaca. Mientras su boca seguía deslizándose por el borde de mi
panti una de sus manos se movía de forma irregular sobre la pierna desnuda
erizando cada vello de mi cuerpo, la otra se deslizo debajo de mi camiseta y
allí acariciaba mi pecho por el borde del sostén.
—Siento tu humedad— su
aliento en mi vientre junto con sus manos hacían estragos en mi existencia, era
claro que me tenía, estaba rendida y totalmente excitada, veía venir la acción por
eso dije lo siguiente
—Si no me tocas, no
tengo orgasmos— mi voz sonaba tan aguda, era como un maullido, estaba fuera de mí,
era consciente de lo que decía pero inconsciente de lo que existía a mi
alrededor, solo éramos él y yo
—En mis manos nunca te
faltara la liberación Mia— su agitación era obvia en su tono, él luchaba
consigo para controlarse
Lo siguiente que sentí
fue su manos bajando mi ropa interior y a sus dedos deslizarse por mis labios
inferiores para presionar ese pequeño punto entre mis piernas, la sangre de mi
cuerpo bajo ahí y la corriente de su toque viajo por todo mi cuerpo
provocándome un salto, mis ojos se cerraron y mi boca se abrió en una
silenciosa suplica. No era sensible ante las penetraciones pero mi clítoris era
un todo lo contrario, esa era la única forma de deshacerme y me encantaba.
Sus dedos no corrían en
mi carne, él disfrutaba la dulce tortura en mi feminidad, su boca besaba, lamia
y mordía sobre mi cadera, estaba teniendo el mejor encuentro sexual de mi vida
y ni siquiera me estaba penetrando. Mi respiración era pesada, la subida y
bajada de mi pecho lo demostraba, mi cuerpo se sentía en una maratón, corría
directo a la liberación, la transpiración se hizo presente junto con los
sonidos de placer que intente ahogar mordiendo mis labios.
Unos segundos después
un dedo apareció bajo a mi entrada y jugos en el borde con los líquidos de mi
cuerpo, de forma inmediata mi cadera se sacudió hacia el dedo que entro en mí, haciéndome
jadear, estaba tan necesitada de su toque, por un momento mi clítoris quedo
desentendido pero su lengua no tardó en darle calientes y húmedas caricias. Me
estremecí de placer, estaba muy cerca, tan cerda de la cima pero no quería parar
la deliciosa sensación, nunca había pedido más, ese día le suplique por más.
—Te quiero en mí— mi
voz era errática, casi inaudible
—No hoy, pronto Mía—
sentí su aliento sobre mí, la sensación era deliciosa— quiero sentirte, verte
derritiéndote en mis manos y boca
Hay algo en las
palabras calientes durante el sexo que activa la mente de forma maravillosa,
sus palabras trajeron imágenes a mi cabeza, alterándome aún más, todo lucia tan
erótico, tan personal, tan delicioso que un gemido salió de mí. Mis manos que
se mantenían apretadas a mi lado fueron a sus hombros en busca de apoyo, mis
pierna empezaban a fallar ante su toque.
—Estoy tan cerca—un
segundo se deslizo junto al otro y juntos entraron en mi expandiéndome de forma
maravillosa
No hacía falta velocidad
ni rudeza, él tenía un ritmo perfecto en mi cuerpo, parecía conocer mi cuerpo
de siempre, éramos tan complementarios para el otro. Cada vez que sus dedos
entraban, los hacia girar en el interior casi llevándolos hasta el fondo de mi
vagina, era una sensación deliciosa que no fue abandonada por su lengua en mí
carne más sensible. Producía electricidad y otras sensaciones en mi anatomía,
la masturbación tenía una sensación diferente a la penetración, porque tú
controlas el ritmo, conoces el lugar perfecto que hará estallar al orgasmo, el
resultado es una saciedad vigorosa y me sentía dichosa de que fuera el quien me
la diera.
El ritmo de mis
respiraciones creció, soltaba el aliento más frecuente y los músculos alrededor
de mi vientre empezaron a apretarse, mi vagina latía más rápido y supe que mi
cuerpo estaba escalando el último tramo hacia mi liberación, mi orgasmo. El primer estremecimiento se extendió desde
mi pies hasta mi cabeza, sus labios se apretaron alrededor de mi clítoris provocando
el segundo estremecimiento, mi cuello se estiro y mi cabeza se chocó contra la
pared del baño, succiono el núcleo de mi feminidad al tiempo que sus dedos
presionaban en interior llevándome al final, el ultimo estremecimiento hizo
presencia seguido de aquella sensación cálida del éxtasis.
Una burbuja estallo en
mi vientre bajo y fue expandiéndose por todo mi cuerpo, haciéndome cerrar los
ojos y soltar el último aliento del clímax, la ligereza no tardo en aparecer
donde antes estaba la tensión, me sentí tan plena en ese momento, fui masa en
sus manos y él me daba la forma más bonita.
Sentí sus dedos salir
de mi interior llevándose consigo un poco de mi humedad, su pulgar se mantuvo durante
un corto tiempo en mi clítoris hasta que fui capaz de regular mi respiración.
Poco a poco la conciencia volvió a mí y abrí los ojos, su rostro reflejaba la
satisfacción de alguien que consiguió un logro, en sus labios brillaba parte de
mi humedad que luego limpio con su lengua
—Me encantas—sus manos
tomaron mi rostro y lo acerco al suyo— esta no será la única vez Mía, nunca
podría saciarme de ti— me beso por primera vez desde que lo había visto y por
primera vez en nuestra relación
Moví los labios junto a
los suyos carnosos, los probé y deguste, en ese momento me hice adicta a sus
labios y a él, ahora puedo decir que nunca pudimos tener un mejor primer beso.
Después salió dejándome
con el alma en las manos y los pantalones abajo, al salir ni él, ni Max
estaban, la cuenta estaba paga y tenía un mensaje de Max diciendo que el baño
me había comido y debíamos reprogramar nuestra salida. Él baño no me había
comido, pero un hombre si me había consumido, dejándome inestable
emocionalmente no llegue a imaginar que lo que había pasado en aquel cubículo
solo era el principio de lo que me llevaría a estar observándolo dormir en mi
cama.
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