sábado, 7 de octubre de 2017

UNO



Amar, amar no tiene un significado especifico, por más que los diccionarios lo definan, porque el amor se siente, se vive y se explica según quien lo diga, yo puedo decir que amar cuando es correcto se siente muy bien. Nunca me imaginé en esta situación, vi pasar los años, sintiendo como el tiempo avanzaba y el amor no llegaba, al final lo olvide ya no me importaba y fue justo en ese momento cuando apareció.

Miro al hombre frente a mí, el mundo no lo ve hermoso, él tampoco se considera bello, para mí es más atractivo que cualquier adonis. Sus ojos están cerrados pero sé que tienen un cálido color café, su piel es del tono perfecto tan cálida como sus ojos, la barba está naciendo en barbilla haciendo lucir más atractivo, sus labios pálidos tienen forma de corazón, me encanta su boca cuando se junta a la perfección con la mía, su nariz respingona acaricia la mía. Levanto la mano y acaricio su mejilla él es la mejor visión que puedo tener al despertar.

Empezamos rápido, entre nosotros las cosas siempre fueron rápidas. No era mi amigo, ni siquiera lo consideraba un conocido, solo lo había visto un par de veces en salidas grupales pero cuando conectábamos miradas estaba esa sensación, siempre estuvo, llegaba a intimidarme la fuerza de su mirada y aun así lo miraba con la misma intensidad.

Fue una tarde muchos meses después de verlo por primera vez que empezó nuestra historia, un café y su mirada penetrante bastaron para que mi ridículo cuerpo aceptara todo lo que él estaba dispuesto a darme, pudo haber sido la decisión más estúpida de mi vida, pero no lo fue, dos meses después puedo decir que no lo fue.

Había quedado con Max, un amigo de la infancia, en la cafetería que solíamos frecuentar. Max es de los amigos que no importa la cantidad de tiempo que pase sin verse o hablarse, la amistad nunca se rompería, él había regresado de su luna de miel y quería que nos juntáramos para hablar sobre nuestras vidas. Esa tarde llego junto con él, me saludo amablemente como siempre, solo apretando mi mano y aún así sentía la atracción.

No sabía mucho de él, no estaba segura de su nombre, todos lo llamaban por su apellido, Díaz, nunca lo vi con un mujer antes por ello tenía dudas sobre su orientación sexual, recordarlo me hace reír, estaba muy equivocada. Sabía que era ingeniero como todos nuestros amigos en común y no tenía ninguna otra información sobre Díaz. 

Max excuso su presencia —No se quedara mucho­— dijo— acabamos de salir de una reunión y me acerco a la cafetería. Realmente no me importaba su presencia moría por saber más de él, era tan callado, hasta podría lucir peligroso.

Hicimos nuestra orden (Díaz no pidió nada), el celular de Max sonó y se fue hacia un rincón de la cafetería para atender la llamada, ese fue su momento de actuar, fue su oportunidad perfecta. Cuando mi amigo estaba lo suficientemente lejos se inclinó sobre la mesa haciéndome retroceder por la cercanía que logro, luego dijo las palabras que tensaron todo mi cuerpo, las más rudas que me ha dicho.

—Quiero sexo contigo— su tono no tenía nada especial pero su mirada era todo lo contrario, sus pupilas gritaban Mia

—Nunca— desde ese día me recuerdo constantemente que no debo decir: de esa agua no beberé

No sonrió, ni se burló, no hizo ningún gesto solo volvió a su posición y mantuvo su mirada sobre mí, haciéndome sentir de todo menos incomoda. Me había caracterizado en mis relaciones por ser fría, era tan clínica, tan seria y controladora, no era virgen ni inexperta, era algo conservadora en cuanto al sexo y no conocía lo que era un orgasmo durante el coito, sobra decir que él cambio eso.

—Te espero en el baño— no sonó como orden, sonó como propuesta, una propuesta que se reflejaba en su mirada prometiendo cosas de las que no me arrepentiría 

Díaz se fue al baño que por suerte quedaba en dirección contraria a donde estaba Max hablando, además mi amigo nos estaba dando la espalda, unos segundos después llego el pedido y con ello Max quien inmediatamente pregunto por Díaz, por inercia respondí con una mentira —Tuvo que irse— . Max no discutió mi respuesta y empezó nuestra conversación.

Mientras Max hablaba sobre su luna de miel los minutos fueron pasando y yo me fui desconectando, mi mente vago a los baños, Díaz estaba esperándome ahí, no había salido, ni siquiera se había asomado, parecía que me iba a esperar el tiempo que estuviera dentro de esa cafetería. Las manos me empezaron a sudar y mi cuerpo a sentir anticipación, ¿Qué poder tenia él sobre mi cuerpo?, al final la razón perdió ante la tentación y me encontré diciéndole a Max que iba al baño.

Estaba de pie recostado contra la pared del pasillo que separaba las entradas a los baños, lo mire fijamente y él a mí, su mirada ardiendo en la mía, jalándome lo suficiente para juntar nuestros pechos. Paso su brazo alrededor de mi cintura, nuestras narices quedaron juntas podía sentir su respiración y aliento, quería que me besara pero no lo hizo en su lugar me llevo dentro de los baños femeninos y a uno de los cubículos del pequeño espacio.

Era un rectángulo de seis por cuatro, con paredes metálicas delgadas y no lo suficiente cercanas al suelo, podía sentir la tasa en la parte baja de mis piernas cualquiera que entrara se enteraría de lo que pasaba o iba a pasar ahí, a él no le importo pues me recostó contra una de las paredes y se apretó a mi cuerpo, Es unos centímetros más alto que yo, pero podía sentir cada parte de su anatomía, es especial esa que él me había ofrecido.

Sus manos subieron de mi cintura a los laterales de mis pechos y con los pulgares acaricio donde estaban mis pezones, sentí su tacto a través de las capas de tela de mi blusa y sostén, él tiene un excelente don para calentarme, no importa si son sus manos, su boca, su aliento o sus ojos, cualquiera que utilizara me tendría hiperventilando por más de ese toque. En ese momento tenía sus manos y ojos sobre mí, parecía medir mi reacción a su toque ¿Cómo si no fuera obvia? En cambio yo me deleitaba en su gesto, estaba tan excitado, su boca semi-abierta con la respiración pesada y el hambre en su mirada, ese gesto era una maravilla de ver.

—Al venir me has dado vía libre— bajo su rostro hasta mi oreja donde los vellos de mi cuello se erizaron en expectación— y no me detendré a menos de que sea tu voluntad

No mordió mi lóbulo como lo anhele, solo sostuvo su aliento sobre mi oído y cuello, haciéndome perder la cordura, mi cuerpo temblaba por la excitación, suspire cuando una de sus manos se deslizo por mi vientre hasta el botón de mi pantalón y lo soltó, su otra mano bajo hasta el borde del mismo, con ambas bajo la prenda hasta la mitad de mis piernas y después libero una piernas dejando el pantalón colgando de la otra.

Mi ropa interior no era del tipo atrevido ni sensual, gran parte de mis pantis son cacheteros de talle alto y distintos colores, a él no importo o no lo demostró, porque su boca se posó en el borde de la tela y acaricio mi vientre con sus labios eso volvió a mi respiración cardiaca. Mientras su boca seguía deslizándose por el borde de mi panti una de sus manos se movía de forma irregular sobre la pierna desnuda erizando cada vello de mi cuerpo, la otra se deslizo debajo de mi camiseta y allí acariciaba mi pecho por el borde del sostén.
  
—Siento tu humedad— su aliento en mi vientre junto con sus manos hacían estragos en mi existencia, era claro que me tenía, estaba rendida y totalmente excitada, veía venir la acción por eso dije lo siguiente
 
—Si no me tocas, no tengo orgasmos— mi voz sonaba tan aguda, era como un maullido, estaba fuera de mí, era consciente de lo que decía pero inconsciente de lo que existía a mi alrededor, solo éramos él y yo

—En mis manos nunca te faltara la liberación Mia— su agitación era obvia en su tono, él luchaba consigo para controlarse

Lo siguiente que sentí fue su manos bajando mi ropa interior y a sus dedos deslizarse por mis labios inferiores para presionar ese pequeño punto entre mis piernas, la sangre de mi cuerpo bajo ahí y la corriente de su toque viajo por todo mi cuerpo provocándome un salto, mis ojos se cerraron y mi boca se abrió en una silenciosa suplica. No era sensible ante las penetraciones pero mi clítoris era un todo lo contrario, esa era la única forma de deshacerme y me encantaba.

Sus dedos no corrían en mi carne, él disfrutaba la dulce tortura en mi feminidad, su boca besaba, lamia y mordía sobre mi cadera, estaba teniendo el mejor encuentro sexual de mi vida y ni siquiera me estaba penetrando. Mi respiración era pesada, la subida y bajada de mi pecho lo demostraba, mi cuerpo se sentía en una maratón, corría directo a la liberación, la transpiración se hizo presente junto con los sonidos de placer que intente ahogar mordiendo mis labios.

Unos segundos después un dedo apareció bajo a mi entrada y jugos en el borde con los líquidos de mi cuerpo, de forma inmediata mi cadera se sacudió hacia el dedo que entro en mí, haciéndome jadear, estaba tan necesitada de su toque, por un momento mi clítoris quedo desentendido pero su lengua no tardó en darle calientes y húmedas caricias. Me estremecí de placer, estaba muy cerca, tan cerda de la cima pero no quería parar la deliciosa sensación, nunca había pedido más, ese día le suplique por más.

—Te quiero en mí— mi voz era errática, casi inaudible 

—No hoy, pronto Mía— sentí su aliento sobre mí, la sensación era deliciosa— quiero sentirte, verte derritiéndote en mis manos y boca

Hay algo en las palabras calientes durante el sexo que activa la mente de forma maravillosa, sus palabras trajeron imágenes a mi cabeza, alterándome aún más, todo lucia tan erótico, tan personal, tan delicioso que un gemido salió de mí. Mis manos que se mantenían apretadas a mi lado fueron a sus hombros en busca de apoyo, mis pierna empezaban a fallar ante su toque.

—Estoy tan cerca—un segundo se deslizo junto al otro y juntos entraron en mi expandiéndome de forma maravillosa

No hacía falta velocidad ni rudeza, él tenía un ritmo perfecto en mi cuerpo, parecía conocer mi cuerpo de siempre, éramos tan complementarios para el otro. Cada vez que sus dedos entraban, los hacia girar en el interior casi llevándolos hasta el fondo de mi vagina, era una sensación deliciosa que no fue abandonada por su lengua en mí carne más sensible. Producía electricidad y otras sensaciones en mi anatomía, la masturbación tenía una sensación diferente a la penetración, porque tú controlas el ritmo, conoces el lugar perfecto que hará estallar al orgasmo, el resultado es una saciedad vigorosa y me sentía dichosa de que fuera el quien me la diera.

El ritmo de mis respiraciones creció, soltaba el aliento más frecuente y los músculos alrededor de mi vientre empezaron a apretarse, mi vagina latía más rápido y supe que mi cuerpo estaba escalando el último tramo hacia mi liberación, mi orgasmo.  El primer estremecimiento se extendió desde mi pies hasta mi cabeza, sus labios se apretaron alrededor de mi clítoris provocando el segundo estremecimiento, mi cuello se estiro y mi cabeza se chocó contra la pared del baño, succiono el núcleo de mi feminidad al tiempo que sus dedos presionaban en interior llevándome al final, el ultimo estremecimiento hizo presencia seguido de aquella sensación cálida del éxtasis.

Una burbuja estallo en mi vientre bajo y fue expandiéndose por todo mi cuerpo, haciéndome cerrar los ojos y soltar el último aliento del clímax, la ligereza no tardo en aparecer donde antes estaba la tensión, me sentí tan plena en ese momento, fui masa en sus manos y él me daba la forma más bonita.

Sentí sus dedos salir de mi interior llevándose consigo un poco de mi humedad, su pulgar se mantuvo durante un corto tiempo en mi clítoris hasta que fui capaz de regular mi respiración. Poco a poco la conciencia volvió a mí y abrí los ojos, su rostro reflejaba la satisfacción de alguien que consiguió un logro, en sus labios brillaba parte de mi humedad que luego limpio con su lengua

—Me encantas—sus manos tomaron mi rostro y lo acerco al suyo— esta no será la única vez Mía, nunca podría saciarme de ti— me beso por primera vez desde que lo había visto y por primera vez en nuestra relación

Moví los labios junto a los suyos carnosos, los probé y deguste, en ese momento me hice adicta a sus labios y a él, ahora puedo decir que nunca pudimos tener un mejor primer beso.

Después salió dejándome con el alma en las manos y los pantalones abajo, al salir ni él, ni Max estaban, la cuenta estaba paga y tenía un mensaje de Max diciendo que el baño me había comido y debíamos reprogramar nuestra salida. Él baño no me había comido, pero un hombre si me había consumido, dejándome inestable emocionalmente no llegue a imaginar que lo que había pasado en aquel cubículo solo era el principio de lo que me llevaría a estar observándolo dormir en mi cama.

UNO

Amar, amar no tiene un significado especifico, por más que los diccionarios lo definan, porque el amor se siente, se vive y se explic...